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jueves, 27 de diciembre de 2018

lejos...



La noche de navidad había llegado, eran minutos antes de la medianoche y mis ganas de celebrarla escaseaban por doquier, aun con la esperanza de que el bullicio de los niños y la explosión de los cohetes despertaran mi durmiente espíritu navideño, esperé, la familia semi reunida aprovechaba el momento para tomarse una foto de recuerdo, para luego llegada las 12 comenzara el revoltijo de saludos y abrazos, poca actividad hubo a las afueras, en mi calle lo más navideño que se podía visualizar era una chica vestida de Mamanuela, una Mamanuela encantadoramente joven, tierna, bella  y que si no fuera por época navideña se confundiría con una de las tantas diablillas de noche de bruja, una Mamanuela con oficio de camarera de  pollería, la hipnosis visual acabo de golpe  cuando decidió de forma repentina entrar a aquel establecimiento, tenía muy a mi pesar que cumplir con su trabajo.

La hora de la cena había llegado, pollo al horno con fideos fue en esta ocasión, siendo la carne más suave que había probado en tiempo, sumergido en  mi deleite observe a mi familia, aun sin ser la mejor estaba reunida, aun sin ser la mejor compartían, aun sin ser la mejor se sentía como una familia, lo que me llevo a recordar aquella reunión navideña para venezolanos y personas con VIH hace pocos días, madres con hijos, adultos mayores y una que otra persona con discapacidad juntos, compartiendo, formados en semiluna disfrutando el show del payaso de la cuadra, una reunión para celebrar la navidad anticipada, una reunión de beneficencia,  para muchos esta sería su primera navidad en Perú, llegado casi al acto final del show, 3 músicos venezolanos entraron a la sala, que si no fuera por las guitarras que portaban se confundirían con alguna clase de parodia de los tres chiflados, los tres con una sonrisa particular, uno flaco, otro gordo y el ultimo pelón, llegaron con un objetivo en mente, deleitar al público con canciones que los trasportaran a su país natal, la risa de una madre que daba de lactar a su bebe cambio por un rostro que reflejaba dolor, y cada párrafo que entonaba se sentía como si le destrozara el alma, como si se rompiera y por un breve momento bajaba la mirada, observaba al bebe en sus brazos y lo acurrucaba, era su primera navidad en Perú, era su primera navidad alejada de todo y ese golpe de nostalgia musical no era algo que hubiese esperado ese día. Luego del canto llego un compartir, pero sin show que entretenga, los niños tomaron el papel principal de la sala, y como toda fiesta con niños que se respete, no podía faltar el mar caótico de los griteríos infantiles, ninguno quieto, en especial una niña en muletillas que a sabiendas del mal que padecía sonreía y se movía con tanta vida.
Personas separadas de su familia, algunas dañadas emocionalmente, otras con alguna discapacidad, aun con sus diferencias estaban ahí en esa sala, unidos por una festividad, observar aquellas sonrisas… recordar ese momento cambio aunque de forma breve mi actitud en la cena familiar del 25, dentro de mí me sentía afortunado y agradecido. Al final solo que quedo un feliz navidad.